Domingo 21 de septiembre

Paz con Dios

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (v. 1).


La escritura de hoy: Romanos 5:1-11 Karen Pimpo  escribe:

Cuando acompañé a mi amiga al salón de belleza en su cumpleaños, nos encantaron las atenciones que recibimos. Una música relajante y un asistente personal nos dieron la bienvenida al spa tranquilo y con luz tenue. Toda la experiencia fue calma y reparadora. Sin embargo, tuve que reprimir una risita al ver un cartel en una mesa que afirmaba: «Esta línea de cuidado capilar te da más que un cabello bonito… te da paz mental».

Sabemos que los productos capilares no aportan una paz duradera, pero a menudo nos conformamos con un alivio temporal cuando nuestro mundo es estresante. En realidad, la paz verdadera no viene de algo sino de alguien. El apóstol Pablo declara: «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1). El pecado nos separa de Dios, pero el sacrificio expiatorio de Cristo nos abre un camino para relacionarnos con Él (5:9-10). Jesús ofrece paz para hoy y para la eternidad: «entrada por la fe a esta gracia», «la esperanza de la gloria de Dios» (v. 2) y esperanza a pesar del sufrimiento terrenal (vv. 3-4). La paz con Dios es más que un sentimiento; es un regalo que recibimos por la fe en Jesús. Su paz está a nuestra disposición: en un salón de belleza o en un hospital, en momentos de serenidad y de caos.

Reflexiona y ora

¿Cuándo te sientes tentado a buscar una circunstancia pacífica más que la paz con Dios? ¿De qué manera el recuerdo del sacrificio de Jesús te permite descansar hoy en Él?

Jesús, gracias por darnos paz a través de tu propio sacrificio.

Lunes 22 de septiembre

No reconocido

… ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?… (v. 9).


La escritura de hoy: Juan 14:8-14 Sheridan Voysey  escribe:

Richard Griffin fue policía personal de la reina Isabel II catorce años. Mientras la acompañaba un día de picnic, se encontraron con dos excursionistas estadounidenses. «¿Conocen a la reina?», preguntaron, sin reconocer a la monarca. «Yo no —bromeó la reina—, ¡pero Richard se reúne con ella siempre!». Emocionados por conocer a alguien cercano a la realeza, ¡le entregaron a la reina su cámara y le pidieron que les sacara una foto con Richard!

No es la primera vez que alguien está en presencia de una persona importante sin saberlo. «Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía», dijo Jacob después de encontrarse con Dios en un sueño en Bet-el (Génesis 28:16). Y cuando Felipe le pidió a Jesús que les mostrara a los discípulos al Padre, Él respondió: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9). Como los excursionistas, los discípulos querían entregarle la cámara a Jesús, sin reconocer que Él era a quien había que enfocar (vv. 10-11).

Jesús no siempre ha sido reconocido por lo que realmente es. Más que un «sabio maestro» o un «gran líder moral», es Dios hecho carne y Rey del mundo (1:14; 18:36). ¡Qué revelación es descubrirlo!

Reflexiona y ora

¿Qué le dirías a Jesús si te lo encontraras en un picnic? ¿Quién crees que es?

Jesús, te alabo hoy por ser el Rey de reyes, Señor de señores, y más de lo que puedo comprender.

Martes 23 de septiembre

Salvar vidas

… sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido… (v. 19).


La escritura de hoy: Hechos 20:17-24 Mike Wittmer  escribe:

Como miembro de la resistencia antinazi en Francia, Adolfo Kaminsky alteró documentos de identidad para salvar a cientos de los campos de concentración. Una vez, le dieron tres días para falsificar 900 certificados de nacimiento y 300 cartillas de racionamiento para niños judíos. Trabajó dos días sin dormir, diciéndose: «En una hora, puedo hacer treinta documentos. Si duermo una hora, morirán treinta personas».

El apóstol Pablo sentía una urgencia similar. Le recordó a la iglesia de Éfeso cómo había servido «al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas» (Hechos 20:19). Dijo: «nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros» (v. 20). Esta urgencia lo obligaba a compartir con todos la necesidad del arrepentimiento y la fe en Jesús (v. 21). Ahora, volvía a Jerusalén, dispuesto a acabar su «carrera con gozo, y el ministerio que [había recibido] del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (v. 24).

Pablo no podía salvar a nadie. Solo Dios lo hace. Pero podía dar la buena noticia sobre Jesús, el único «nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12).

¿A quién te está recordando hoy el Espíritu Santo? Puedes compartir con esa persona la buena noticia de Dios.

Reflexiona y ora

¿A quién conoces que necesite oír el «evangelio de la gracia de Dios»? ¿Cómo podrías compartirlo con esa persona?

Jesús, dame oportunidades para hablarles de tu amor a los que te necesitan.

Miércoles 24 de septiembre

Las casualidades no existen

… Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque el Señor ha llamado el hambre… (v. 1).


La escritura de hoy: 2 Reyes 8:1-6 Karen Huang  escribe:

El barrio de Dante en Manila solía inundarse. Cuando llovía, el pequeño llegaba a la escuela cruzando un puente improvisado que había colocado un vecino. «El Sr. Tomas ayudó a la comunidad a moverse —dijo Dante—. Me guiaba por el puente, protegiéndome de la lluvia».

Años más tarde, Dante se unió a una iglesia al norte de Manila. Leo, su líder de estudio bíblico, fue su mentor. Mientras hablaban de sus infancias, ¡Dante descubrió que Leo era hijo del Sr. Tomas! «Las casualidades no existen —dijo Dante—. Dios usó al hijo de un hombre que me bendijo, para ayudarme en mi fe».

Una mujer de la ciudad de Sunam también experimentó la providencia de Dios. Con fe, había seguido el consejo del profeta Eliseo, marchándose de su casa para evitar una hambruna (2 Reyes 8:1-2). Al hacerlo, había perdido el derecho a sus propiedades. Luego, justo mientras buscaba ayuda del rey sobre este asunto, el rey estaba hablando con Giezi, el sirviente de Eliseo, sobre ella.

Años antes, Giezi había visto resucitar al hijo muerto de la mujer. Ahora, Giezi dijo: «Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir» (v. 5). El rey entonces «ordenó a un oficial» para su caso (v. 6) y le devolvió su propiedad.

Nuestro Dios soberano siempre nos cuida, especialmente cuando las cosas no salen como habíamos planeado.

Reflexiona y ora

¿Cómo te anima la historia de la sunamita? ¿Qué revela sobre el cuidado de Dios?

Padre, gracias por ocuparte de mí.

Jueves 25 de septiembre

Todo va a estar bien

El Señor está conmigo; no temeré… (v. 6).


La escritura de hoy: Salmo 118:5-14 Kirsten Holmberg  escribe:

Uno de los recuerdos más vívidos de la infancia de mi hija es el día en que su padre le enseñó a andar en bicicleta sin rueditas. En un momento, mi esposo se subió a la parte trasera de la bicicleta tomando el manubrio con ella, para poder bajar juntos un tramo de suave pendiente. Ella recuerda a su padre riendo, mientras ella se moría de miedo. Cuando hoy recuerdan el incidente, la amable respuesta de mi marido a su recuerdo es tranquilizarla diciéndole que sabía que todo iba a salir bien.

Su historia es una acertada metáfora de los momentos en que nosotros también experimentamos miedo en la vida. Las «pendientes» pueden parecer grandes y aterradoras desde nuestro punto de vista, y el riesgo de resultar heridos puede parecer muy real. Sin embargo, las Escrituras nos aseguran que, como «el Señor está [con nosotros]», no tenemos por qué temer (Salmo 118:6). Aunque la ayuda humana pueda fallarnos, Él es un refugio confiable cuando nos sentimos abrumados por nuestras luchas (vv. 8-9).

Dios es nuestro ayudador (v. 7), lo que significa que podemos confiar en Él para que nos cuide en los momentos más difíciles y temibles de la vida. A pesar de las caídas, las cicatrices y el dolor que podamos sufrir, su presencia salvadora es nuestra «fortaleza» y «salvación» (v. 14).

Reflexiona y ora

¿Cuándo has sido consciente de la presencia de Dios en medio de las dificultades? ¿Cómo te ha ayudado el Señor?

Gracias, Padre, por estar presente en mi vida.

Viernes 26 de septiembre

Belleza de la tragedia

… por la obediencia de uno [Jesucristo], los muchos serán constituidos justos (Romanos 5:19).


La escritura de hoy: Génesis 2:8-9; 3:1-6 Bill Crowder  escribe:

El lago Coniston Water, en Inglaterra, es un bellísimo lugar para vacacionar. Las aguas son perfectas para navegar, nadar y hacer deportes acuáticos. Sin embargo, allí ocurrió una gran tragedia. En 1967, Donald Campbell pilotaba su hidroavión, intentando batir el récord mundial de velocidad en el agua. Alcanzó una gran velocidad, pero no vivió para celebrar el logro, ya que se estrelló y murió.

Los momentos trágicos pueden ocurrir en lugares hermosos. En Génesis 2, el Creador tomó «al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» (v. 15). El huerto era una obra maestra, pero el hombre y la mujer desobedecieron a Dios, lo que trajo el pecado y la muerte a su creación (3:6-7). Hoy seguimos viendo los efectos destructivos de su trágica decisión.

Pero Jesús vino a ofrecernos vida a nosotros: personas que estábamos muertas en nuestros pecados. El apóstol Pablo escribió: «Porque así como por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno [Jesucristo], los muchos serán constituidos justos» (Romanos 5:19). Gracias a Jesús, nos espera el hogar más hermoso de todos.

De la belleza, surgió la tragedia. Y por la gracia de Dios, de la tragedia surgió la belleza eterna!

Reflexiona y ora

¿Cuándo has visto a Dios sacar belleza de una tragedia? ¿Cómo respondiste en ese momento?

Padre, gracias por la belleza eterna que solo tú provees.

Sábado 27 de septiembre

Dios nunca nos abandona

… como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé (v. 5).


La escritura de hoy: Josué 1:1-3; 5-9 Amy Boucher Pye  escribe:

En Tierra Santa, nos encantó caminar por donde caminó Jesús. Ahora puedo imaginar más fácilmente las imágenes y los sonidos de su vida terrenal. Pero subir y bajar por las piedras irregulares dejó su huella, y llegué a casa con las rodillas doloridas. Por supuesto, mis dolencias eran menores comparadas con las de quienes viajaban hace siglos, que no solo padecían mucho; incluso morían. Pero Dios estaba con ellos.

Dios llamó a su pueblo a seguirlo y lo invitó a vivir en una «tierra que fluye leche y miel» (Éxodo 3:8). Sabía que, al entrar en la tierra prometida, se enfrentarían al peligro de ejércitos contrarios y a obstáculos como ciudades amuralladas. Dios había estado con ellos durante cuarenta años en el desierto y no los abandonaría ahora. Prometió a Josué, el nuevo líder, que su presencia estaría con ellos: «no te dejaré, ni te desampararé» (Josué 1:5). Josué enfrentaría desafíos y dificultades, necesitaría ser fuerte y valiente, y Dios lo ayudaría.

Los que creemos en Jesús, tanto si estamos llamados a quedarnos o a marcharnos, enfrentaremos peligros, desafíos y sufrimientos en esta vida. Pero podemos aferrarnos a las promesas de nuestro Dios, que nunca nos abandonará. Gracias a Él, también podemos ser fuertes y valientes.

Reflexiona y ora

Al enfrentar dificultades, ¿cómo experimentaste la presencia de Dios? ¿Cómo puedes acudir hoy a Él en busca de ayuda, amor y apoyo?

Dios, asegúrame de que estás conmigo en medio de los valles oscuros.

Domingo 28 de septiembre

El camino de Dios a casa

… este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado… (v. 24).


La escritura de hoy: Lucas 15:11-13, 17-24 Katara Patton  escribe:

Mientras bajaba hacia el estacionamiento, me invadió la ansiedad. Ya había estado en ese mismo lugar y me había perdido. Pero ahora, cuando empecé a caminar hacia la puerta cercana al ascensor, una sensación de calma llenó mi corazón. ¡Conocía el camino! Atravesé la puerta y encontré el conjunto de ascensores que buscaba.

La experiencia de orientarme en el laberinto de aquel estacionamiento me recuerda que perderse puede ayudarnos a encontrar el camino. Como me perdí durante mi primera visita, recordé lo que había fallado y la puerta que conducía a mi destino.

Hay gran alegría en encontrar nuestro camino, algo que descubrió el hijo «perdido» de la parábola de hoy (Lucas 15:24). Cuando volvió en sí (v. 17), el joven descarriado supo cómo volver a casa después de haberse perdido en el mundo. Reconoció todo lo que había dejado atrás y volvió a su casa, donde recibió la «misericordia» de su padre (v. 20). La historia cuenta que el padre se alegró mucho al recibir a su hijo perdido, diciendo: «este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado» (v. 24).

Si estamos perdidos espiritualmente, busquemos el camino conocido a casa que Dios nos ha dado. Él nos señala su luz amorosa y dónde se supone que debemos estar.

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha mostrado Dios dónde debes estar? ¿Cómo puedes correr tras su luz?

Dios, ayúdame a salir de la oscuridad de estar perdido y volver a tu luz y amor.